Se trata de contar una historia.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

55. Futuro imperfecto

La muerte te espera. Confiada, segura de sí misma, en algún lugar, en algún momento. Tú también caerás en sus brazos, como todos. Vana es, como todas, la esperanza que abrigas cuando piensas en ella: de ella nadie escapa. Tal vez ahora mismo, ya, en algún lugar, esté creciendo el árbol de cuya madera se hará tu ataúd. Piensas que tal vez conseguirás vivir unos cuantos años más. Los suficientes para que ya no haya árboles, ni madera. Es igual. Para entonces se fabricarán los féretros con fibra de plástico.
Disfrutarás de uno de ellos si tienes una muerte particular y acomodada: con agonía en hospital de pago, empresa funeraria de alquiler, velatorio concurrido, esquelas en los periódicos, tumba o nicho propio.
Pero también puede suceder que mueras, como tantos, en medio de una catástrofe, o de una guerra. En ese caso, los supervivientes, si los hay, si por casualidad rescatan tu cuerpo de entre los escombros, andarán demasiado atareados como para preocuparse de empaquetarlo con primores de marquetería. Hala, a la fosa común. Total, para lo que va a servir luego.

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