Se trata de contar una historia.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

49. Diálogo entre el obrero y el político que lo representa

Obrero, obrero de mi corazón, sólo una cosa te pido, y es moderación. Moderación salarial. Porque, como tú muy bien sabes, el país está inmerso en un proceso de crisis económica: ha disminuido la demanda, al empresario le cuesta vender sus productos y gana mucho menos dinero que antes. Si te aumenta el salario, ya no va a poder vivir. Tendrá que despediros a ti y a tus compañeros, y cerrar la empresa y esperar tiempos mejores para volver a invertir. Tienes que comprenderlo y ser solidario. Que tu egoísmo no provoque un espectacular crecimiento de la tasa de desempleo. Si, a pesar de todo, suben los salarios, aquellas empresas que consigan a duras penas sobrevivir, tendrán que subir proporcionalmente el precio final del producto. El poder adquisitivo del asalariado descenderá y, por querer ser más rico, se encontrará más pobre cada día. Con el incremento de la inflación, se disparará también el precio del dinero. Los bancos cobrarán más altos intereses por sus créditos al atribulado empresario, que tendrá que proceder a nuevos recortes de plantilla. El Estado deberá destinar más dinero a subsidios, e ingresará mucho menos, porque los trabajadores despedidos dejarán de cotizar. El Estado se empobrecerá y ya no podrá seguir ayudando a las empresas, y las que ahora reciben subvenciones tendrán que irse a otros países, donde haya salarios más bajos y produzca más el capital. El Estado empobrecido tendrá que endeudarse para mantener las pensiones y la seguridad social. Aumentará el déficit público, lo que redundará en nuevas subidas de la inflación y de los tipos de interés. No se podrá pagar a las empresas que trabajan para el Estado, y éstas se arruinarán y los empleados tendrán que optar por la jubilación anticipada. Adiós a las inversiones en infraestructuras, y sin infraestructuras ningún país puede progresar. Para amortizar sus créditos, el Estado tendrá que elevar los impuestos y los asalariados tendrán que pagar más. Los empresarios también, y las pocas empresas que sigan abiertas se cerrarán y el desempleo seguirá creciendo. Como ves, hermano obrero, ésta es una pescadilla que se muerde la cola, y todo depende de ti. La economía del país está en tus manos. Modera tus pretensiones, no hundas en la miseria a tu empresario y, si puedes, produce más. Si la crisis se agudiza, es posible que los salarios se tengan que recortar. No te importe demasiado, porque si eso sucede, la inflación tenderá a bajar. Y si no baja, que más da. Se consume un poco menos y ya está. Lo importante es mantener el empleo y no dejar de trabajar. Y si se supera la crisis, persevera en el esfuerzo. No sea que, por plantear antes de tiempo nuevas exigencias, el ritmo de la recuperación se vaya a frenar. Por favor, hazme caso a mí, que soy de tu partido y te lo digo por tu bien: no pidas más jornal.

De acuerdo, de acuerdo, señor Político. Me conformaré con lo que me dan. Pero, dígame una cosa ¿por qué ustedes sí se suben el sueldo?

- Mira, obrero, en primer lugar, sólo hay unos cuantos miles de políticos y, sumando los sueldos de todos, no llegamos al diez por ciento del presupuesto nacional. Nosotros no empobrecemos al Estado. Además, nadie puede despedirnos y por eso nunca engrosaremos las filas del paro, y nadie nos tendrá que subsidiar. Como no producimos ningún producto, no encarecemos ningún precio final. La inflación, los tipos, el déficit y los impuestos no aumentan por nuestra culpa precisamente. En segundo lugar, recuerda que somos de tu partido, y como tales, de costumbres austeras y de gustos moderados, y sólo nos preocupa tu bienestar. Pero la acción de gobierno nos obliga a llevar un tren de vida inexcusable. Tenemos obligaciones que atender. Por ejemplo, las relaciones internacionales. No vamos a asistir a una asamblea de la ONU vestidos con chaqueta de pana. No vamos a acudir en pantalones vaqueros a una recepción en una embajada. No vamos a participar en una cumbre sin llevar corbata de seda. No vamos a recibir a un jefe de estado en zapatillas. Y los trajes adecuados, las camisas a medida, las corbatas de seda y los zapatos de cocodrilo están cada día más caros (quizá porque los obreros de las fábricas no dejan de pedir todos los días más jornal). Y si hay que llevar a la mujer a algún acto oficial, porque lo exige el protocolo, no te digo nada: las pieles, los modelos de alta costura, ya sabes como son las mujeres. No van a desentonar. Se nos va un dineral en estos gastos, que podríamos llamar de representación. No vamos a presentarnos en el palacio real conduciendo un Seiscientos. Y no te imaginas lo que cuesta hoy día un Mercedes y la gasolina que consume (y el chófer, que cada día quiere ganar más). Para defender mejor tus intereses, tenemos que reunirnos con la gente de las altas esferas: banqueros, financieros, economistas. Y esta gente se reúne siempre en restaurantes de muchos tenedores. A veces, para cerrar un acuerdo beneficioso para el país, hay que gastarse una barbaridad en champán francés o en caviar. Qué le vamos a hacer, así están las cosas y todo sea por el bien de la comunidad. Es imprescindible el avión privado, por si tenemos que asistir a alguna cumbre secreta (y al piloto, o le subes el sueldo cada tanto, o se te declara en huelga y para qué queremos más). No vamos a veranear en un apartamento en Torremolinos, que es lo que nos gustaría, estar entre nuestra gente. No. Tenemos que disponer de un yate para desplazarnos al Caribe, donde veranean las personas poderosas (no te imaginas lo que cobra al mes un capitán). Tenemos que tener allí una islita privada y una residencia lujosa para agasajar a nuestros invitados, y no desperdiciar las vacaciones, siempre se puede conseguir algún trato favorable. Siempre pensando en ti, obrero. Además, tenemos que pagar los estudios de nuestros hijos, que tienen que estudiar en el extranjero, como los hijos de las personas poderosas, para no desentonar. Imagínate cuánto cuesta una licenciatura en Harvard. Pero es necesario que se formen bien. En el futuro, ellos tendrán que dirigir el país, y seguir defendiendo tus intereses como nosotros ahora. Son ellos los que tienen que gobernar. Porque si no, los del otro partido lo harán, y ya sabes que ésos sólo te quieren perjudicar. Por eso es preciso que nuestros hijos se vayan relacionando ya con las altas esferas. Sí, y todos estos gastos los tenemos que sufragar, mal que nos pese. Qué más quisiéramos nosotros que tener un salario moderado, a cambio de poder prescindir de todas estas obligaciones que, a veces, realmente, llegan a abrumarnos. Como comprenderás, ni siquiera con un sueldo relativamente alto podemos sostener este tren de vida inexcusable. Ni soñarlo. Por eso, además del sueldo, hemos tenido que procurarnos otros recursos. Para seguir defendiendo tus intereses, claro está, porque a nosotros sólo nos preocupa tu bienestar. Hemos tenido que contratar asesores financieros particulares (que, por cierto, cada día quieren ganar más) para que se cuiden de nuestras inversiones. Y, finalmente, muy a nuestro pesar, hemos tenido que fundar nuestras propias empresas privadas. Porque, digan lo que digan, hay que ser realistas, y ésa es la única manera de ganar lo suficiente para seguir velando por tu bienestar.

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